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QUEJARNOS DE LA ARQUITECTURA NO VA A CAMBIAR LA ARQUITECTURA

 


“Nuestro trabajo no se valora”

“La gente no nos entiende”

“Tenemos mucho que aportar pero nadie lo ve”

“Tantos años de esfuerzo para esto”

“Si nos pagaran lo que merecemos...”

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Seguro que alguna vez has escuchado alguna de estas frases. Yo también las he usado. Hasta que me he dado cuenta de la inutilidad de este discurso y he comenzado a observar lo que ocurre en realidad.


Como arquitecta, profundamente identificada con la profesión, me resultaba muy difícil hacer un análisis neutro de la situación porque estaba dentro de ella. Mis inquietudes diarias me mantenían estancada en la queja y el victimismo porque estaba convencida de que nosotros, los jóvenes arquitectos, éramos víctimas de un sistema estancado y precario. Lo que no sabía era que esta forma de pensar era perpetuar el estancamiento y la frustración del sistema, que no es otra cosa que la suma de nosotros mismos y de nuestra manera de pensar.

Entonces decidí cambiar mi perspectiva y pasé de pensar como una participante a pensar como una observadora.


Esta nueva perspectiva me dio la libertad de ver más allá de mi propia escala personal. Me pregunté por qué la profesión había llegado a tal nivel de degradación, investigué y tomé el tiempo necesario para COMPRENDER las cosas. Esto me permitió ver nuestra responsabilidad como arquitectos, NUESTRA PARTE, sin echar balones fuera, y desde entonces procuro no repetir lo que he aprendido:


Arquitectos, tengo una mala y una buena noticia.


La mala noticia es que nosotros solos nos hemos traído hasta aquí. Cada vez que no hemos puesto un límite al abuso, cada vez que hemos cobrado menos de lo que deberíamos haber cobrado, cada vez que hemos dicho sí cuando queríamos decir no, cada vez que hemos puesto nuestros intereses personales por delante del servicio, cada vez que hemos menospreciado la opinión de nuestro cliente, cada año que salían 1.000 arquitectos nuevos al mercado, colegios profesionales, competencias… poco a poco, todo suma.



La buena noticia es que, como somos parte responsable del problema, también somos parte responsable de la solución. Puedes cambiar tu forma de ver las cosas porque, como eres responsable, también eres libre para cambiar y aspirar a algo mejor de lo que conoces.


Has dedicado muchos años de tu vida a la arquitectura. Está en tus manos vivir la profesión con abundancia o escasez. Toma tu responsabilidad y ponte en acción.