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¿POR QUÉ TANTOS ARQUITECTOS MUEREN EN EL INTENTO?

 

Llegar a ser arquitecto no es un trabajo fácil. Cuando termina el período en la escuela no has hecho más que empezar. Es entonces cuando sales al mercado y ves la realidad.

¿Cuál es esa realidad?

 
 
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La que has vivido, la que vives. Un mercado saturado de arquitectos. Una profesión que parece que no se valora. Un trabajo mal pagado. Muchas horas dedicadas. Incertidumbre. Precariedad.


Y es que existe una regla básica para cualquier mercado: el balance entre la oferta y la demanda.


En el caso de la arquitectura, la demanda apenas ha cambiado proporcionalmente al crecimiento de la población a lo largo de los años, décadas y siglos. Los servicios de un arquitecto son demandados por individuos con un poder adquisitivo alto que desean tener la casa de sus sueños, instituciones públicas que buscan ser representadas a través de un edificio o entidades privadas que desean invertir en el mundo inmobiliario. Punto. El arquitecto nunca proyectó una casa para el vecino del pueblo porque es el vecino del pueblo el que mejor sabe hacer su propia casa.

Un arquitecto es alguien que ejerce una profesión difícil y de gran responsabilidad que no puede pagar cualquier persona.



Entonces se producen miles de nuevas matriculaciones universitarias en la carrera de arquitectura. ¡Puedes ser lo que quieras!, nos dicen. Elegimos estudiar arquitectura sin saber si existe una demanda real y cuando por fin salimos ahí fuera nos encontramos con la selva de la precariedad. Somos tantos que acabamos tratando de distinguirnos bajando los honorarios, trabajando gratis, haciendo favores… hasta que al final nos damos cuenta de que nuestra profesión no se valora.


Efectivamente, nuestra profesión no se valora porque somos demasiados.

Una vez hablaba con un buen amigo sobre la profesión y él me decía: La verdad es que conozco a muchísimas personas con un alto poder adquisitivo y sólo una de todas ellas ha contratado alguna vez los servicios de un arquitecto.

En ese momento no le di importancia al dato, pero sin duda la tiene. ¿A cuántas personas conoces tú? Di un número aproximado. De esas personas, ¿cuántas de ellas han contratado alguna vez los servicios de un arquitecto? No me refiero a hacer una cocina, me refiero a proyectar una casa, un edificio. Ese número es la pura realidad.


Existe una realidad laboral en el mundo de la arquitectura, y es que el mercado está colapsado. Pero no te lo tomes personal; es que sencillamente no hacen falta tantos arquitectos.

La pregunta es, ¿qué piensas hacer tú?