01/10
Cuestionaremos lo que
aprendimos que hace o
no hace un arquitecto

¿Qué hace un arquitecto?

Sí, sí… “los arquitectos proyectan edificios”. Esa es la rápida respuesta que daríamos muchos, como si un resorte subconsciente se activase de forma automática en nuestra cabeza desvelando aquello que aprendimos en la escuela ☝️“arquitecto = edificios”. Altos y bajos. Amplios y estrechos. Más o menos densos. De hormigón, acero o madera. Pero en definitiva, edificios.

Algunos más atrevidos… podrían contestar otras cosas como: “los arquitectos diseñan espacios funcionales y agradables”. ¡Vaya! Ya no hablamos de edificios, sino de espacios, por lo que parece que además del contenedor también nos ocupamos del contenido… y de los espacios que están libres de edificios.

Y unos pocos aún más atrevidos… podrían contestar algo como: “los arquitectos combinan elementos sensoriales para crear una experiencia singular vinculada a un lugar concreto”. ¡Vaya, vaya! El protagonista ya no es un edificio, ni un espacio, sino una experiencia. Parece que nuestro material de trabajo se abstrae y se vuelve cada vez más efímero: una experiencia no puede ser de hormigón.

¿De qué están hechas las experiencias? ☁️☁️☁️


¿Qué NO hace un arquitecto?

Silencio. No se escuchan respuestas… ¡Pero qué pregunta es esta! ¿Qué no hace un arquitecto, “por definición”? ¿Y cuál es esa supuesta definición? 

Recuerdo el primer año de escuela. Teníamos una interesante y compleja asignatura que se llamaba “Introducción a la Arquitectura”. Pongámonos en situación: una estudiante que viene del mundo de los mortales comienza su ascenso académico al cielo de los arquitectos. Y viene buscando una importante respuesta, una definición concreta de eso que ha decidido estudiar: la arquitectura, ¿qué es? Pues bien, me quedé con las ganas.

Desde los inicios de nuestro viejo oficio por allá en la época de Imhotep, nadie ha llegado a una definición universal del concepto “arquitectura”. A lo largo de toooooooodos estos años, nadie se ha puesto de acuerdo. Cada cual ha tenido su propia definición, su propia idea de lo que la “arquitectura” era, es y será. Busca en los libros de historia, acude a las citas de los grandes maestros, pregunta a colegas tuyos de la calle: nadie da una misma respuesta. 

Entonces, ¿por qué, si no tenemos una definición cerrada en torno a lo que es nuestra profesión, cerramos tanto nuestro abanico profesional?


¿Hay hormigón fresco para todos?

¿Hay edificios nuevos para todos los que somos? ¿Hay pastel para tanta boca? 🎂 Evidentemente, nuestra propia experiencia nos dice que no. A pesar de que fue el núcleo de nuestra formación académica, la obra nueva será una especie en extinción para nosotros, si no lo es ya.

Y aún así, nuestra profesión tiene sentido. Tiene utilidad. No dependemos de que hayan edificios nuevos por construir, si ya hay un mundo construido que mantener y transformar.

¿Qué pasará con el envejecimiento de ese hormigón que un día fue fresco? ¿Qué pasará con los “espacios de multitudes” después de la experiencia que estamos viviendo en 2020? ¿Qué será de los centros comerciales? ¿Y de los hoteles? ¿Y de los festivales? ¿Y de los gimnasios? ¿Sobrevivirán al temporal? ¿Qué transformaciones deberán experimentar este tipo de espacios? ��Cómo plantearemos los nuevos hospitales? ¿Y las escuelas? ¿Y las viviendas donde volveremos a pasar cada vez más tiempo? ¿Qué será de las rígidas y asépticas oficinas si la mitad de las plantillas pasarán a combinar el trabajo remoto? ¿Cómo será la experiencia del retail en el mundo post covid? ¿Qué ocurrirá con las grandes ciudades, lugares de congestión y transmisión, y cómo se transformará el mundo rural, cada vez más añorado y accesible por los nuevos medios de comunicación?  

¡Sonríe arquitecto! Tenemos las respuestas y tenemos mucho que hacer.


¿Formaremos parte de la construcción digital? 

En este mundo cambiante en el que vivimos, los arquitectos nos limitamos al mundo físico como si esa fuera nuestra seña de identidad, como si soltar esa amarra supusiera una pérdida de definición. “No construyes = no eres arquitecto”. Es curioso: los arquitectos, si algo no hemos hecho en nuestra vida, es construir.

Nuestro mundo está digitalizándose; es un hecho. En esta gran obra global me encuentro con programadores, diseñadores, ingenieros, matemáticos… grandes profesionales liderando y diseñando el mundo digital en el que pasamos y pasaremos una gran parte de nuestra vida. ¿Y dónde estamos nosotros? Atados a nuestras amarras de hormigón.

¿Por qué nosotros no formamos parte también de esta construcción digital? ¿Por qué me encuentro con títulos como “UX Designer” o “Information Architect” y no hay un arquitecto detrás? ¿Por qué no, si hacen exactamente lo mismo que nosotros con los edificios? Nos dan miedo los bits pero podríamos hacer maravillas con ellos ✨

Podemos formar parte de esta gran obra. Podemos abrirnos a colaborar con otros fantásticos profesionales para integrar el componente digital en nuestros proyectos. Podemos hacer nuestros servicios más únicos y necesarios si inyectamos herramientas como la programación, la inteligencia artificial, el análisis de datos, la arquitectura de la información, las metodologías ágiles, las experiencias virtuales… En este mundo digital, los arquitectos podemos y debemos aportar el factor humano contribuyendo a la creación de las experiencias digitales que formarán parte sí o sí del imaginario de la sociedad.

Múltiples áreas de nuestras vidas han sido impregnadas de este componente digital; más ahora durante este acontecimiento globalizado que estamos viviendo: desde la educación al consumo, desde el deporte hasta las relaciones sociales, desde el trabajo hasta la vida en casa. Cada vez pasamos más tiempo en “espacios intangibles” que igualmente han de ser diseñados, humanizados, ¡y aquí debemos estar nosotros proyectando esos espacios!

Nuestra timidez para incorporar el componente digital en nuestras obras nos ha limitado a la arcaica “domótica”, cuando en realidad no se trata sólo de incorporar gadgets a las paredes para recibir órdenes humanas. Cuando hablo de incorporar el componente digital en nuestro trabajo como arquitectos me refiero a la creación de una experiencia coherente físico-digital.

Por ejemplo, el diseño de una experiencia integral en los espacios de retail en los que podamos interactuar con dispositivos asociados a nuestro perfil particular y no ser meros consumidores pasivos de “cosas”. O la creación una experiencia integral en los espacios educativos en los que los límites del aula física y el aula virtual se difuminen, creando una experiencia académica única más que “una clase” y “una app”. O también la proyección de espacios de trabajo perfectamente integrados con la vivencia online, liberalizando la oficina de sistemas rígidos y estáticos en donde la productividad se reduce casi a la mitad. En fin… ¿te sientes lo suficientemente inspirado? 😏

Hoy los arquitectos no estamos solos. Sabemos que no debemos hacerlo todo solos. En este mundo hiperconectado, potenciamos nuestra labor colaborando con otros profesionales. Si incorporar el componente digital en nuestras obras nos supone un reto incómodo, entonces tenemos ante nosotros la oportunidad de crecer y hacer evolucionar nuestro perfil hacia una dirección inevitable y aún por explorar. Cuando colaboramos con otros profesionales, estamos propiciando nuestra partida de la zona de confort, y gracias a esto nos movemos con el movimiento. Cambiamos con el cambio.


Recuerda lo importante. 

Da igual si te quedas en el mundo físico o en el mundo digital, lo que quiero transmitir con este primer principio es lo siguiente: eres arquitecto para tener una profesión, tienes una profesión para tener un trabajo, tienes un trabajo para tener un medio de vida. Sólo si tu medio de vida funciona, tu definición de lo que “un arquitecto hace” merece la pena. De lo contrario, puedes buscar una nueva definición.

Eres libre para sobrescribir tu definición. Tienes ese derecho, como lo han tenido todos a lo largo de la historia. Cámbiala cuando el mundo cambia porque nunca hubo ninguna definición cerrada, ni en la época de los egipcios ni ahora.

Aquí reside la belleza de nuestra profesión. 

Índice — Manifiesto del Arquitecto Independiente › Principio 02/10 — Aprenderemos de otros profesionales 

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