06/10
Diseñaremos
grandes soluciones,
no grandes portfolios

¡Más portfolios!

Es un hecho: los arquitectos tenemos una tendencia peligrosa a crear portfolios y presentaciones sin tino. No sólo para conseguir un trabajo como empleados, sino también de cara a potenciales clientes si trabajamos por cuenta propia. 

Estos documentos que creamos tienen un gran componente autobiográfico; son principalmente acerca de nosotros. Y no hay documento profesional más inefectivo que el que trata de uno mismo: no somos artistas presentando nuestro arte; somos profesionales presentando soluciones. 

Nuestros portfolios no deberían ser nuestra actuación sobre el escenario. Nuestros portfolios deberían ser la manera en la que conectar con los otros y por tanto deberían hablar de aquellos a los que nos estamos dirigiendo, no de nosotros.  

Lo cierto es que nuestras presentaciones suelen tener un orden muy curioso 😬.

— Intro: Sobre mí.
— Primera parte: Sobre mis habilidades.
— Segunda parte: Sobre mi trayectoria.
— Tercera parte: Sobre mis proyectos.
— Cuarta parte: Mi contacto.

Es decir,

— Yo.
— Yo.
— Yo. 
— Yo. 
— Yo. 

Cuando nos presentamos al mundo de esta manera, como si fuera la hora del casting, como si sólo tuviéramos una oportunidad para desplegar las fantásticas habilidades de las que más nos orgullecemos 🕺 estamos adquiriendo una clara posición de desventaja: nuestros clientes se sientan cómodamente con los brazos cruzados ante nuestro portfolio, en posición de jueces. Somos nosotros los juzgados. Les estamos dando a entender que son ellos los que pueden elegir, y nosotros no.

Cuando invertimos tiempo en crear portfolios que hablan de nosotros, estamos creando una situación de escasez para nuestra propia carrera: sólo tenemos una oportunidad de enamorarles, siendo el resultado blanco o negro. Contratados o rechazados. 

Como arquitectos independientes, en absoluto queremos colocarnos en esa posición. 


La diferencia entre

sentir que uno se está vendiendo y ofrecer un servicio específico necesario reside en nuestro nivel de madurez profesional. 

Cuando nos presentamos al mundo como la mayoría de compañeros, hablando sobre nosotros y sobre lo que se nos da bien hacer, es nuestra persona la que ponemos a disposición de juicio. Si un cliente nos rechaza 💔sentimos que hemos sido rechazados y lo sentimos de forma personal. ¡Tiene lógica! Nos hemos presentado como un producto y nos hemos puesto a la venta. 

Sin embargo, cuando lo que presentamos al mundo es nuestra ayuda a través de un servicio, estamos hablando de los retos de otros y de cómo podemos echar un cable. Lo que ponemos a disposición de juicio no es más que una posible solución y si un cliente nos rechaza, ¡sólo significa que no nos necesita! Y esto es siempre una buena noticia: significa que tenemos un problema menos en el mundo. Ahora podemos salir a buscar nuevos problemas. 

¿Verdad que así se ven las negativas de otra forma más constructiva? Cuando en lugar de vender nuestro portfolio vendemos soluciones a problemas, estamos diciéndonos a nosotros mismos que si una solución no es contratada, ¡podemos diseñar una nueva para un nuevo problema! Tenemos opciones.

Por el contrario con un portfolio no tenemos nada. 


Los arquitectos independientes

que ejercemos según esta filosofía tenemos un propósito claro y definido. Cada uno en su pequeño camino, transformamos los problemas de la gente por soluciones anheladas.  

No caemos en la tentación de hacer portfolios ni presentaciones que suban nuestra autoestima, porque sabemos que es una gratificación personal que sólo tiene ventajas a corto plazo: la de cubrir nuestra necesidad de “demostrar nuestras habilidades”. A medio y largo plazo, sabemos que es enormemente perjudicial porque seremos la diana de juicios sin salidas, juicios que no nos dan opciones. 

Por eso no nos presentamos al mundo con una etiqueta — “Soy Arquitecto”, “Soy BIM Manager”, “Soy Researcher”, “Soy Urban Planner”, “Soy CEO en Blablabla”, “Soy Consultant MBA”, “Soy Artista 3D” —, sino que nos presentamos al mundo con nuestro propósito.  

En lugar de decir “Soy ______”.

Decimos “Ayudo a ______”.
Decimos “Mi misión es ______”.
Decimos “Mi servicio es para ______”.

Y así damos pie a conversaciones y conexiones significativas con aquellos a los que nos dirigimos ❤️ en lugar de poner una etiqueta fría e insípida entre medias que no dice ni aporta nada nuevo.


Diseñar grandes soluciones

es el camino de la realización profesional porque estas grandes soluciones nacen de un gran problema, y ya comprendimos que este es el propósito de nuestra labor profesional. 

Causa — Efecto
Problema — Solución

¿Y qué es, en definitiva, una gran solución?

Una
gran
promesa.
 

¿Qué prometes con tu servicio? ¿Cuál es la promesa de tu servicio para las personas que lo contratan? En lugar de invertir más tiempo en portfolios, sería fantástico que los arquitectos atendiéramos estas cuestiones. Qué diferente sería el mundo y sobre todo el estado de nuestra profesión, ¿verdad? 

Todos nosotros tenemos la oportunidad de diseñar grandes soluciones para ofrecer ahí fuera; soluciones afines a nuestra vocación. Yo y los arquitectos que han emprendido este camino hemos encontrado nuestro espacio en el mercado; un lugar en el que ofrecer algo que alguien necesita o desea realmente. Poder ocupar esta posición y utilizar nuestras valiosas habilidades para transformar el mundo de manera significativa es realmente nuestro propósito como arquitectos. 

Felicidades si ya estás ahí. Felicidades también si aún no lo estás; te espera un camino apasionante. 

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